La bendición de la Revolución Energética no pasó de ver a un jefe de Estado, en un corrientazo de abuso de su cargo, regalando por doquier bombillos, ollas arroceras y hornillas eléctricas que, evidentemente, había adquirido con su salario.
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El 27 de noviembre de 2020, un grupo de artistas, intelectuales y periodistas independientes protestó frente al Ministerio de Cultura de Cuba, en La Habana. Durante horas, sin violencia, exigieron respuestas tras el brutal desalojo de catorce personas, ocho de ellas en huelga de hambre, de la sede del Movimiento San Isidro (MSI). Fue un gesto insólito en décadas: ciudadanos reclamando, a la vista pública, su «derecho a tener derechos».
¿Qué revela el Programa de Gobierno sobre el rumbo de la economía cubana? ¿Es viable este plan económico o es más de lo mismo? ¿Qué impacto tendrá en la vida de los cubanos? ¿Puede detener el deterioro económico o agudizará la crisis? Los economistas Mauricio De Miranda, Pedro Monreal y Pavel Vidal, en un espacio moderado por José Manuel González Rubines, analizan el nuevo Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía.
"Un apagón en el país es una condición clarísima de parálisis de todo el sector productivo y del sector de los servicios. (...) Hasta ahora las medidas han sido parches para resolver una situación inmediata y así no se resuelve el problema", asegura el economista Mauricio De Miranda Parrondo, codirector de CubaXCuba - Laboratorio de Pensamiento Cívico.
Afirmar que los cubanos de hoy emigran «solo por razones económicas», ignora una verdad esencial: en Cuba, desde 1959, la economía ha sido siempre la política por otros medios. Y eso fue precisamente lo que el Congreso de Estados Unidos entendió con claridad cuando aprobó la Ley de Ajuste Cubano.
La intervención en Venezuela ―formalmente ilegal y no articulada explícitamente bajo argumentos de Derechos Humanos― resulta, sin embargo, parcialmente legitimable para sectores de la comunidad nacional e internacional, siempre que no derive en un uso indiscriminado de la fuerza ni en un agravamiento sustancial de la crisis existente.
Los recientes movimientos en Serbia, París, Nepal, Madagascar, Marruecos, Indonesia, Perú y México, por sólo citar los últimos casos, muestran a poblaciones de diferentes continentes, culturas, razas y religiones, compartiendo características como la bandera pirata con sombrero de paja del anime One Piece, la movilización no violenta en la mayoría de los casos, y el desapego a las formas tradicionales de identidad política.
Duele mucho que se reciba a fuerzas extranjeras en clara acción injerencista como a salvadores; pero, mientras ahora sí hay una movilización global «manos fuera de Venezuela», en julio de 2024, cuando les robaron la victoria, ellos marcharon solos. Así mismo marchan las comunidades de cubanos en el mundo cuando piden la libertad de nuestros presos políticos y denuncian al gobierno policial de este país.
El ceremonial conocido como Letra del año, propio del complejo Ocha-Ifá o santería, más que un suceso únicamente religioso, se convierte en fenómeno de relevancia sociocultural en Cuba, tanto para practicantes como para personas en general.
El nuevo año 2026 será el del centenario de Fidel Castro y, paradójicamente, llega cuando las dos columnas fundamentales de su legado aparecen en ruinas. Por un lado, el relativo bienestar que el régimen construyó durante décadas como base material de su pacto social se ha desmoronado ante los ojos de todos. Por otro, el sistema de control, represión y culto al poder que sostuvo a ese modelo muestra signos claros de agotamiento.
2025 nos enseñó que el desgaste físico del régimen comparte una raíz con el surgimiento de una crítica política más consciente y amplia. En las grietas del colapso material hemos visto florecer formas de compromiso que aspiran a transformar Cuba. Esa tensión entre ruina y posibilidad es, quizás, la trama más significativa de este año que dejamos atrás.
El castrismo se fundó sobre una premisa ambiciosa y peligrosa: el pueblo cubano —con sus hábitos, creencias, aspiraciones y límites— no era adecuado para el proyecto político que se pretendía construir, por ello era necesario transformarlo, corregirlo, sustituirlo. De ahí la tesis del «hombre nuevo», presentada como ideal ético al que aspirar, pero utilizada en la práctica como coartada para reprimir al hombre existente.
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Afirmar que los cubanos de hoy emigran «solo por razones económicas», ignora una verdad esencial: en Cuba, desde 1959, la economía ha sido siempre la política por otros medios. Y eso fue precisamente lo que el Congreso de Estados Unidos entendió con claridad cuando aprobó la Ley de Ajuste Cubano.