Lo de Ricardo Ronquillo son «soso-bras» o «so-sobras». Cuando es echar la culpa de nuestros males al enemigo, su pluma es «valientísima», pero si la cosa es tocar al «socio» y al «lismo», ahí va con la hoja de laurel y la lira. Se hace difícil que en sus peroratas no cite al jefe para alabar sus intervenciones y discursos. De ahí su acrítico y juicioso vasallaje.
apoye a Cubaxcuba
El 27 de noviembre de 2020, un grupo de artistas, intelectuales y periodistas independientes protestó frente al Ministerio de Cultura de Cuba, en La Habana. Durante horas, sin violencia, exigieron respuestas tras el brutal desalojo de catorce personas, ocho de ellas en huelga de hambre, de la sede del Movimiento San Isidro (MSI). Fue un gesto insólito en décadas: ciudadanos reclamando, a la vista pública, su «derecho a tener derechos».
¿Qué revela el Programa de Gobierno sobre el rumbo de la economía cubana? ¿Es viable este plan económico o es más de lo mismo? ¿Qué impacto tendrá en la vida de los cubanos? ¿Puede detener el deterioro económico o agudizará la crisis? Los economistas Mauricio De Miranda, Pedro Monreal y Pavel Vidal, en un espacio moderado por José Manuel González Rubines, analizan el nuevo Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía.
"Un apagón en el país es una condición clarísima de parálisis de todo el sector productivo y del sector de los servicios. (...) Hasta ahora las medidas han sido parches para resolver una situación inmediata y así no se resuelve el problema", asegura el economista Mauricio De Miranda Parrondo, codirector de CubaXCuba - Laboratorio de Pensamiento Cívico.
La amenaza externa es cierta. También lo es el peligro de continuar bajo un régimen que apela a la represión como único recurso para mantenerse en el poder. Es cada vez más visible el incremento de sus métodos crueles e inhumanos que, de no ponerle fin, llegarán a los adoptados por las tiranías conocidas históricamente en el área antillana y en nuestro país: las desapariciones definitivas, los asesinatos, cuerpos sin vida arrojados a las calles, cunetas y carreteras, como tristemente recordamos.
Cuba merece que sus artistas más grandes tengan el coraje de estar del lado de esas generaciones traicionadas, incluso cuando eso significa enfrentarse al poder que los alimenta y protege. Silvio Rodríguez tiene ese coraje en sus canciones. Ojalá lo hubiera tenido frente a Díaz-Canel.
Fortalecer la transparencia y reducir la discrecionalidad no solo protege a los negocios privados existentes, sino que asegura que las transformaciones económicas y la inversión extranjera beneficien al conjunto del país. La transparencia y el respeto a las garantías políticas y jurídicas son elementos clave para que Cuba pueda avanzar en sus reformas, integrar a sus ciudadanos y negocios privados, y atraer inversión extranjera de manera ordenada, justa y sostenible.
En Cuba no ocurre nada excepcional. En cualquier época y contexto en que un gobierno ha empobrecido a la gente, desconocido la voluntad popular y reprimido con violencia; la protesta social ha sido la respuesta. Esta es una crisis eminentemente política. Nos creyeron invisibles; no lo somos. Para ellos no existimos; pero estamos aquí.
La población ya no se reconoce en el monólogo y cada día, cada noche, ha comenzado a construir su propia plaza pública en los márgenes digitales o en las calles de los barrios, donde el control narrativo del Estado se disuelve entre escasez y gritos de libertad.
La economía cubana enfrenta nuevamente un momento en el que la solución de sus problemas estructurales exige reglas claras, instituciones funcionales y un sistema de responsabilidades públicas e institucionales que permitan al país avanzar hacia un modelo económico capaz de generar prosperidad y bienestar social, y a un modelo político que conduzca a la democratización de la sociedad, al control de esta sobre el gobierno y al respeto a las libertades y derechos civiles.
La lancha de Cayo Falcones no fue solo un incidente de seguridad, sino también una señal lanzada al tablero en el momento en que este se hallaba más cerca de una reconfiguración que en cualquier otro en seis décadas. El análisis que interesa no es moral sino estructural: ¿quién necesitaba interrumpir ese proceso y por qué?
Un frente común para conseguir el fin del régimen actual, no implica que nadie deba abandonar sus ideas o disolver organizaciones; solo significa que articulemos las voces hasta lograr la caída de la dictadura e instaurar un sistema democrático en Cuba. Una vez conseguido este objetivo, cada cual será libre de posicionarse política e ideológicamente donde lo desee.
Donar
José Martí escribió: «La patria es ara y no pedestal». Tal vez quiso recordarnos que la nación no es escenario para el ego, sino espacio sagrado de responsabilidad compartida. Si la entendemos como un lugar de cuidado y no de exhibición, quizá podamos mirarnos con menos sospecha y más humanidad.