¿Cuánto nos importan los presos políticos cubanos?
A quienes tienen por horizonte la humanidad y la defensa de los derechos humanos, les importa mucho la situación de los presos políticos. La cuestión sería: cómo se hace valer eso y cuán eficaces son las acciones, porque nunca ha existido un movimiento tan amplio, pujante y de consenso en Cuba; sin embargo, no corona. ¿Qué falta entonces?
El costo de la demora es altísimo. Todos los días ocurren sucesos dramáticos en las prisiones. Véase, por ejemplo, la crisis y muertes en la Prisión de Boniato, Santiago de Cuba, en los dos primeros meses de este año. Definitivamente, no se ha hecho lo suficiente y es, ante todo, un problema nuestro.
La sociedad civil es un actor importante en las relaciones internacionales, pero todavía se abre paso en una relación asimétrica con los Estados y su añejo protagonismo en el sistema internacional. Hay mucho que conquistar y aprovechar. La sociedad civil cubana reclama la solidaridad que merece esta causa; depende de ella conseguirlo. Los organismos y demás actores internacionales actúan en correspondencia con ello. Aun así, no determinan, al menos en los principales problemas de Cuba: democracia y derechos humanos.
Un ejemplo: el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde el Estado cubano mantiene un escaño hasta 2026 que ya parece un puesto vitalicio. No obstante, en la Resolución constitutiva de esa instancia se establece que cada miembro debe «aplicar las normas más estrictas en la promoción y protección de los derechos humanos» y «cooperar plenamente con el Consejo». Otro medidor es la ratificación de los tratados fundamentales y sus protocolos facultativos, aceptar visitas de expertos independientes de derechos humanos y garantizar la seguridad de los defensores de derechos humanos que cooperan con el Consejo.
Todo eso se le reclama desde hace décadas a Cuba en dicho foro. En 2023, poco después de ser electa nuevamente, compareció ante el Cuarto Examen Periódico Universal (EPU), donde recibió numerosas críticas, observaciones y recomendaciones; algunas desatendidas desde etapas anteriores y muchas otras nuevas. Batieron récord las relativas a prisiones y personas privadas de libertad: 107 frente a 46, 58 y 12 en los tres ciclos anteriores desde 2008. Sugiero apenas dos muestras de más de treinta países. No importa, ahí sigue el Estado cubano, ocupando un asiento que deshonra con su actuar.
-I-
Más que exactitud ―pues se sabe que antes había también muchas razones para condenar al gobierno―, lo antes dicho evidencia los resultados del accionar político de la sociedad civil y la oposición cubanas dentro y fuera de la Isla. Hoy se conoce más en el mundo sobre nuestra realidad, lo que se hace por los presos políticos y la transición a la democracia. En consecuencia, hay más reconocimiento y solidaridad.
Muestra al interior de Cuba:
1. Las protestas y denuncias han continuado dentro y fuera de las cárceles. Cerrando 2024 eran 31% más que en 2023. En enero y febrero pasados ocurrieron más de 600, de acuerdo con el sub-registro del Observatorio Cubano de Conflictos. No fueron protestas masivas, por supuesto; un día veremos la versión cubana del filme alemán La vida de los otros y muchos entenderán.
2. El espectro de la oposición y la sociedad civil se ha expandido, aunque prevalece la dispersión y la falta de capacidad para relacionarse con las bases sociales.
3. La ciudadanía ha parido nuevos proyectos alternativos y de resistencia frente al poder. Así como La Joven Cuba se convirtió ―al decir de algunos― en un Granma 2.0; se consolidó CubaXCuba como alternativa, y se fortalecieron medios independientes como El Toque, 14yMedio y Diario de Cuba.
4. Aunque creen haber aniquilado para siempre al Movimiento San Isidro, al 27N y a Archipiélago, por ejemplo; se percibe un proceso de recuperación. La imprescindible pero difícil articulación anda con pasos más firmes que hace seis meses dentro y fuera de la Isla.
5. Con la represión política hay que contar, el régimen solo tiene dos pilares para sostenerse, ese y la manipulación, pero esta última resulta cada vez menos eficaz. Lo que más falta en las bases es traducir malestar en estrategias de lucha.
En lo internacional, articuladas con la resistencia dentro de Cuba:
1. Capacidad de la sociedad civil y la oposición para confrontar al discurso oficial en organismos internacionales. Ejemplos: reacciones a la elección de Cuba al Consejo de Derechos Humanos, y las que logró ejercer también a propósito del EPU, con la elaboración de informes propios y con sus pares internacionales, promoviendo un foro alternativo y una eficaz labor de incidencia.
2. Varias organizaciones de la diáspora organizaron en diciembre pasado una «Jornada Mundial por la libertad y los derechos humanos», frente a las hipócritas celebraciones oficiales del Día Internacional de los Derechos Humanos en la Isla. Diversas manifestaciones e iniciativas tuvieron lugar en países de Europa y América.
3. El proyecto Cuba en Familia organizó un evento online dedicado a los presos políticos, la lucha por su libertad y la defensa de los derechos humanos. A pesar de la campaña contra su realización, convergieron más de treinta organizaciones de la oposición y la sociedad civil cubanas, además de activistas, intelectuales y familiares de presos políticos. Veinticinco organizaciones y 77 ciudadanos participantes (incluidos presos y expresos políticos), suscribieron una Declaración final de consenso que se envió a los destinatarios de las cinco demandas contenidas:
Al régimen cubano: liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos y de conciencia.
A la sociedad civil internacional y gobiernos democráticos: apoyo a los sectores que dentro y fuera de Cuba luchan por la libertad de sus compatriotas encarcelados.
A los organismos internacionales: atender a la sociedad civil independiente cubana y a la oposición, para que puedan reclamar ante el mundo los derechos que les son vetados en Cuba.
Al Sistema Universal de Protección de Derechos Humanos: demandar enfáticamente del Estado cubano su cooperación efectiva con los instrumentos y mecanismos internacionales en la materia, la ratificación de Tratados y firma de los diferentes Protocolos Facultativos, como la Convención contra la Tortura, que establece la verificación independiente, nacional e internacional.
A los cubanos de dentro y fuera de la Isla: comprender la necesidad urgente de potenciar esta lucha.
4. Las excarcelaciones del primer trimestre del 2025 ―aun con sus manchas, que abordaré en otro texto― fueron un logro de la sociedad civil. Lo fue el proceso en sí y también la capacidad de reacción contra las manipulaciones del gobierno. La Carta al Papa Francisco ―suscrita por veintiún organizaciones y 85 ciudadanos cubanos, incluidos presos y expresos políticos, sus familiares, activistas, intelectuales y ciudadanos del amplio espectro social―, es una muestra. También la Campaña #TODOS en redes sociales.
5. Estos dos procesos siguen en marcha. El segundo en las redes y el primero en varias capitales de Europa, África y América, donde la misiva al Papa ha sido presentada por firmantes de la misma en entrevistas con autoridades de las Nunciaturas Apostólicas, además de en El Vaticano. En ella se denuncian las irregularidades y violaciones del gobierno durante el proceso y se indica como objetivo lograr que el gobierno honre su compromiso ante la Iglesia Católica de liberar a 553, y de la institución religiosa, «que interceda nuevamente por la libertad de todos (…)».
6. Jornada de Convergencia Martiana, que además de la prisión política expuso proyectos de varias organizaciones y el latinoamericanismo de Martí en nuestro tiempo, especialmente con Venezuela y Nicaragua.
7. Recuperación y avances de organizaciones legitimadas ante la ciudadanía y sobre todo en articulaciones de los cubanos de la Isla y la diáspora, lo que confirma que hay más conciencia de la importancia de la unidad. Menciono cuatro ejemplos: Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Archipiélago, Consejo para la Transición Democrática (CTDC), Coalición de Mujeres x Cuba Libre, Consenso Democrático Cubano (CDC) y Congreso Nacional Cubano.
-II-
La lucha ha sido intensa, aunque no todo lo eficaz que se desearía y que merecen los presos políticos y sus familias. El colofón ―en este período que se toma por muestra―, ha sido la importante manifestación de la Coalición Mujeres por Cuba Libre, el 28 de febrero en Barcelona, España.
Quienes creyeron en julio de 2021 que sería un camino corto a la libertad, se equivocaron. De ahí el desánimo, o el ver solo manchas donde hay mucha luz. Junto a victorias que no se aprecian lo suficiente, es cierto que aparecen escollos, reveses e incomprensiones que prolongan la agonía. Sin embargo, ello forma parte del proceso de despertar cívico y maduración de la lucha.
El dolor de los presos políticos y sus familias, es también el dolor de Cuba. ¿Se puede ser indiferente? El problema es de los cubanos, hay que leer críticamente lo que se ha hecho, examinar escollos, extraer lecciones y apretar el paso. Está claro que nos importan los presos políticos y de conciencia, que lo hacemos valer con acciones concretas y ayuda a las familias; lo que falta, otra vez, es arraigar en la ciudadanía, articulación, perseverancia y eficacia. Todo diseño de futuro para Cuba pasa por encarar el tema de los presos políticos y de conciencia: es el aquí y el ahora.
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.